Francisca, la conserje que alcanzó sus metas con el crédito formal

Francisca Jiménez es el reflejo de una persona emprendedora. Desde niña ha luchado contra los prejuicios, incluyendo aquellos que directamente le han afectado.

En la escuela, Francisca sólo pudo llegar al 4to. de básica. Esto se debió a las presiones familiares que la condujeron hacia las labores domésticas.

Así, en su adolescencia, comenzó a ejercer la conserjería. Mirando su entorno comprendió que era imposible cumplir su sueño de tener casa y carro propios con los bajos ingresos recibidos.

Sin embargo, para una persona con metas muy definidas, nada de esto era un obstáculo. Tal y como señala, para su bendición, Dios le puso en su camino a una pareja con grandes aspiraciones.

Ambos compartían las mismas metas y las mismas limitaciones económicas. Sus salarios sólo les permitían vivir en una casa alquilada en precarias condiciones y cubrir mínimamente los gastos en alimentación, transporte y pago de servicios.

Un día, mientras leía un periódico, Francisca se detuvo en un anuncio que promovía le venta de un solar. Y fue entonces cuando vislumbró un cambio en su estatus y estilo de vida.

Los esposos, emocionados, suscribieron un contrato de compra con una inmobiliaria a través de una entidad financiera. A los pocos meses se percataron de que los intereses pagados eran honerosos. Cayeron en una situación de impago y estuvieron a punto de perder lo que tanto habían soñado.

Una persona cercana apareció en escena y les aconsejó consolidar la deuda en un banco múltiple. “A partir de ahí, gracias a ese apoyo, hemos logrado grandes metas”, afirma.

Francisca comenta que las cuotas en el banco eran mucho más cómodas, con lo cual pudieron incrementar sus ahorros. Eso les permitió dar otro gran paso: ahorrar un inicial para obtener una vivienda propia.

“Imagínate, somos pobres pero trabajadores. Mi esposo era policía y yo conserje. Unos sueldos bajísimos. Entonces, tú decir que dos pobres no sólo tienen un solar, sino también una casa propia, es mucho más de lo que pudimos imaginar. Sólo nos hacía falta ese voto de confianza”, expresó.

En la actualidad, el matrimonio, además de haber saldado el préstamo hipotecario y el adquirido para el comprar el solar, también pudo adquirir un vehículo.

En conclusión, afirma Francisca, gracias al constante apoyo de los bancos, tanto ella como su esposo, están preparados para enfrentar la vejez con tranquilidad: ampliaron su patrimonio, creen fielmente en el ahorro y alcanzaron sus anheladas metas.